"Sin ser pretencioso, me gustaría lograr que el sonido de mi música refleje el momento actual de Buenos Aires"
Es guitarrista, compositor, docente, arreglador y productor. Su instrumento principal es la guitarra. Pero una de diez cuerdas. También estudió piano. En sus inicios, fue miembro fundador de Semblanza; se paseó por todos los estilos todos. Un currículum impresionante y viajó más que Kung Fu (solamente en Europa, unas 30 giras). Se instaló un año en Dinamarca donde reside su amigo y compañero del dúo Guitarreros, Palle Windfeldt. Egberto Gismonti les produjo y editó un álbum en 1999. Lidera su propio trío y es el responsable de la serie “Toque Argentino”, del sello MDR. A días de una gira con Windfeldt, se hizo tiempo para hablar con nosotros y todavía no entendemos de dónde lo sacó. Placer.
Ardua tarea nos toca.
Es más, veníamos planeando esta charla desde hace algunos meses; y creemos que la postergación se debió, en gran parte, porque no queríamos encontrarnos en esta situación.
Ustedes se estarán preguntando a qué nos referimos.
Tranquilos... no se trata de amenazas, ni de ataques con somorgujos amaestrados, ni una invasión de estatuas vivientes, ni la explosión de un volcán inexistente.
El problema era (es) esta intro.
No hay manera de que no resumamos si pretendemos que ustedes lean esta nota.
Así que, mejor, empecemos.
Ernesto Snajer es un guitarrista, docente, compositor y arreglador argentino.
Listo. Ya está.
¿Cómo?
Bueno... está bien... que conste que es a pedido.
Nació en el querido barrio de La Paternal, en la Capital Federal. Estudió guitarra desde los 7 años con Aníbal Arias, Francisco Rivero y Svetan Szavbev; desde los 14, piano con Martha Bongiorno; armonía, contrapunto y orquestación, con Laura Baade y ensambles de cuerda con Gabriel Senanes.
Todavía en la secundaria, realizó su primera grabación discográfica como invitado de la agrupación Canturbe. A los 17 fundó, junto con Hernán Lugano, la banda Semblanza, con la que grabó dos álbumes, ganó el festival Pre-Cosquín 1988, el Concurso Buenos Aires Jazz Fusión en el mismo año y realizó 5 giras por Europa recorriendo doce países.
Participaron del Festival de Jazz de Copenhague, el Helsinki Jazz Sea Festival (donde telonearon a Stan Getz), y se presentaron en lugares como Barcelona, Amsterdam y Estocolmo.
Tanto ir para allá que al final terminó radicándose en 1991 en Copenhague durante un año, invitado por el también guitarrista Palle Windfeldt, con quien fundara el dúo Guitarreros. Ocho años después, el brasileño Egberto Gismonti produjo un álbum del dúo para su sello Carmo/ECM.
Entre 1993 y 1995 acompañó a Pedro Aznar en varios de sus proyectos.
Cansado de las giras europeas, en 1994 se unió a la agrupación Los Argentinos, de Lito Vitale, junto a Javier Malosetti, Manuel Miranda y Marcelo Novati. Con esta banda grabó dos CD’s, recorrió toda la Argentina, pero también le tocó Europa y varios países de América.
Me estoy agotando.
En 1995 (siempre con Vitale) participó en las ceremonias inaugurales de los Juegos Panamericanos 1995 y del Mundial de Fútbol Sub-20 en el 2001.
En el 2003 dirigió, para el Conservatorio de Música Rítmica de Copenhague, el proyecto “La semana de Música Argentina”, convocando a profesores como Aníbal Arias, el Negro Aguirre, Ricardo Lew, Verónica Condomí, Guido Martínez, Osvaldo Montes y varios más.
Junto con la cantante Verónica Condomí y el percusionista Facundo Guevara, grabó dos álbumes: Cielo arriba y De los tres, realizando numerosas presentaciones.
Desde 1998 lidera Snajer & Grupo, por el que han pasado el Pipi Piazzolla, Oscar Giunta, Guillermo Delgado, Nicolás Guerschberg, Guillermo Romero y Alejandro Franov.
En el 2004 registró Toque Argentino, presentado en el Teatro ND/Ateneo y en una gira de quince conciertos por el interior.
Es el director, junto con el catalán Raúl Fernández, del proyecto Inmigrasons, encargado por el Mercat de Música Viva de Vic (Barcelona).
Ha realizado bandas de sonido para películas, obras de teatro y programas de televisión.
Como solista ha editado los álbumes 87/92, Vuelos, Preludio y Recuerdos de Argentina.
Ha tocado o grabado con Jacques Morelenbaum, Pedro Aznar, León Gieco, Javier Malosetti, Baglietto, Peteco Carabajal, Franco Luciani, Jorge Cumbo, Raly Barrionuevo, Ariel Ramírez, Patricia Sosa, Olga Román, Soledad, Alejandro Lerner, Julieta Venegas...
Desde el año 2006 es el director de la serie “Toque Argentino” del sello MDR Records, cuyas dos primeras ediciones fueron el álbum debut del pianista Alejandro Devries y un disco en vivo con su trío (Guido Martínez en bajo, Diego Alejandro en batería y varios invitados) titulado Después de todo. Para el año que transcurre tiene pautada la edición de otros 4 álbumes.
En lo inmediato, o sea... ahora, en septiembre, realizará desde el día 18 una serie 10 de actuaciones con Palle Windfeldt en Buenos Aires, La Plata, Rosario, Santa Fe, Rafaela, Las Flores y Maipú y también en San Pablo, Río de Janeiro y Porto Alegre. Finalmente, en abril de 2008, Guitarreros grabará en Dinamarca un nuevo álbum titulado Ida y vuelta
Se los dije... pero ustedes insistieron.
Ernesto Snajer nos recibió en su estudio de manera harto generosa.
Como si no tuviera otra cosa que hacer.
Nuestro agradecimiento ante este tipo de actitudes y entrega no tendrá fin.
La misma celeridad y entrega la habíamos disfrutado hace unos meses en ocasión de su participación en nuestra sección 1x5(+1).
O sea... segundas partes fueron buenas.
Y lo que no dijimos hasta ahora es que todo lo mencionado (que impresiona) lo realizó cuando aún no cumplió sus primeras cuatro décadas.
¿Así que el año que viene cumplís 40?
Sí...
¿Y te provoca algo...?
Sí... y no... Me provoca decir “uh... cuántos que son...”. Aunque en realidad es raro, porque por un lado pienso que son muchos y por otro lado hago memoria de lo que me pasó en los últimos 20 ó 22 y me da la sensación de que voy a cumplir no 40 sino 90, más o menos. Te tiro un dato; ahora estoy modificando el site y me quedó pendiente uno de los items que es “archivo histórico”, una especie de resumen año a año de lo que hice y todavía no lo terminé. Pero al voleo conté que viajé a Europa, por lo menos, 28 veces. Y no me di cuenta...
Si sumás las millas ya tenés para ir a Marte... (risas)
Mirá... ni me hables... además me rompe hacer los trámites, siempre pierdo los papelitos...
¿Te jode viajar?
Depende... en un momento no lo soporté más, pero porque quería estar acá. Ahora se me pasó, pero en el ’94 me había agarrado una crisis y no quería salir ni a la esquina. Ahí me enteré de que Lito Vitale estaba por armar un grupo nuevo y andaba haciendo un casting...
¿Para Los Argentinos?
Sí... y me acuerdo que fui de cabeza. Primero porque me encantaba tener ese laburo pero además porque no quería ir ni al almacén (risas). En esa época iba a Europa dos veces por año... ¡y no quería!
Pero después con Lito viajaste y bastante...
Sí... pero la base estaba acá. Yo estuve tres años y a Europa viajamos una vez sola, ¿entendés? Los viajes por acá ni los cuento. Ésos no me joden. Pero además tené en cuenta que era otra época. Ahora me parece que el norte de Europa está acá a la vuelta. La distancia es la misma de siempre, pero las maneras de comunicarse cambiaron tanto...
Y... ahora estornudás acá y te dicen “salud” en Noruega...
Sí... (sonríe) Yo me imagino que en los años ’50 ó ’60 ir a Europa debe haber sido una expedición. Pero cuando yo empecé a viajar en el ’88 no entendía nada. Ahora caés en Amsterdam y de no ser por el paisaje...
Estaba pensando que esa sensación de “tener como 90 años” debe venir por el lado de que arrancaste desde muy chico, ¿no?
Y sí... a los siete empecé con la guitarra. Y a los 14 con el piano.
¿Por qué?
Porque quería tocar dos instrumentos. Me gustaba mucho el piano. No lo pensé por el lado de que me vendría bien para mi desarrollo musical. Me gustaba. Y toco más o menos bien; puedo decir tranquilamente que es mi segundo instrumento.
¿Tu primera experiencia de laburo?
La primera experiencia seria fue con el grupo Semblanza, con Quique Condomí en violín y un pianista, Hernán Lugano, que es un genio. Yo ya había tocado un montón pero el primer contrato fue con Semblanza. Yo tendría unos 18 años y venía tocando en vivo, en boliches chicos. Tenía un dúo de guitarras con un muy amigo mío, Julián Hasse, que ahora toca bandoneón. Y la primera grabación para un disco fue con Jorge Garacotche, que era mi profesor de guitarra y líder de Canturbe. Yo estaba en 4º año de la secundaria y se ve que por una cuestióin de costos grababan a la noche. Yo era muy chico... entonces con mi vieja hicimos un pacto. Me dejaba hacerlo pero no tenía que faltar al colegio. Y si ya de por sí a las mañanas soy medio zombie... imaginate cómo iba al colegio... (risas). Ésa fue mi primera grabación. Mientras tanto, tocaba en fiestas del colegio o en lugares chiquitos. Hasta que armamos Semblanza y para mí fue ya otra cosa.
¿Por qué se te da habitualmente por formatos poco convencionales?
(Piensa) En esa época estaba influenciado por Vitale-Baraj-González, me gustaba mucho lo que hacían. Lo que sí quería era tocar con un pianista. Y en esa época no tenía tan claro como ahora que un piano y una guitarra podían tocar sin el aporte de otro instrumento solista. En esa época sentía que hacía falta un instrumento melódico definido. Queríamos o un instrumentista de vientos, un bandoneón o un violín. Cundo lo conocimos a Quique (Condomí) nos encantó y la idea nos cerraba por todos lados. Porque el violín funcionaba bien tanto para el tango como para el folclore. Pero era lo que pensaba en esa época. Ahora, más que en los instrumentos, pienso más en “con quién”, ¿entendés?
¿Cuándo te agarra esa manía de probar instrumentos no convencionales? Porque lo raro es verte con una criolla de seis cuerdas...
Creo que la primera vez fue al verlo a Gismonti. Lo escuché con la viola de 10 y me encantó; la profundidad de los bajos, efectos de percusión... aunque lo primero que me llamó la atención fue Jaco Pastorius con el bajo fretless; y más de chico, Seru Giran con Pedro Aznar. Porque yo llegué a Pastorius por Aznar, no al revés. Recuerdo tener unos 11 años, ir a verlos en vivo y preguntarme “¿qué instrumento toca ese chabón?” Me volvía loco. Así que fue eso y luego Gismonti. Después empecé a investigar y me enteré de que Ralph Towner le había regalado a Egberto (Gismonti) una guitarra de 8 cuerdas y que se juntaban a experimentar y a buscar distintas afinaciones y me picó. Nunca me interesó lo de Stanley Jordan. Pero creo también que la afinidad que tenía con Towner y Gismonti pasaba porque me gustaba mucho lo que hacían. Algo que no me pasaba con Jordan. Y a partir de ahí, experimenté un montón. Y la que sobrevivió fue la guitarra de 10 cuerdas. Con continuidad, porque intenté de todo, pero la sobreviviente es la de 10 cuerdas, que la toco con una afinación personal.
¿Y ese tipo de afinación no te jode al tocar con otra gente?
Totalmente. Por eso cuando tengo que ir a tocar con esa guitarra me tengo que preparar bastante más que con una normal. Porque no es que le cambié una nota, le cambié toda la afinación. Le cambié todos los intervalos y... sí... me vuelvo loco... pero me encanta. Ahora la búsqueda la tengo más por el lado del midi. Guitarra de afinación standard pero con una computadora... hace unos años que estoy investigando con eso.
¿Y cómo hacías con los instrumentos? Porque acá no había...
La de diez cuerdas me la hizo por pedido (José) Yacoppi, un luthier de Madrid, un capo total. Se venía usando bastante en la música clásica. El primero parece que fue Narciso Yepes y Yacoppi ya había hecho varias. La primera me la hizo él y fue un instrumento de batalla. Con el tiempo junté una guita y me mandé a hacer una que está buenísima y es la que todavía uso.
Pero vos probaste mucho...
Y sí... me prestaban instrumentos. Hay mucha gente que probó diversos instrumentos y que después terminaron en un ropero. Entonces me pasó varias veces que me los daban para ver si a mí me servían. También hice pelota varias (risas). Guitarras de seis cuerdas a las que desarmaba con una pico de loro y cambiaba cosas. Pero no soy muy bueno para eso...
Esto quiere decir que si tu instrumento principal fuera el piano hoy estarías tocando piano preparado...
No sé... tal vez... Pienso que probablemente la búsqueda hubiera venido por el lado de los teclados. No sé si soy tanto un enamorado de los instrumentos como de los sonidos que producen. Hubo inventos muy inútiles, también.
Retomemos, ¿después de Semblanza?
Bueno... fueron años muy intensos. Lugano dejó el grupo, tocamos un tiempo con Abel Rogantini; cuando él se fue tocamos con Juan Pablo Dobal, una bestia, vive en Holanda. Y fueron años de tocar mucho. Y viajar... más que nada en el norte de Europa...
Además viviste un tiempo por allá, ¿no?
Un año en Dinamarca. Porque yo había conocido a Palle (Windfeldt) de casualidad. Nos hicimos muy amigos y él se vino a ver qué se estaba haciendo por acá. Y empezamos a tocar juntos. Él se copó y me dijo que podíamos hacer una serie de conciertos. Me propuso armar algo con Semblanza por allá para salvar el tema de los pasajes; tocamos y a la gente le gustó y yo estaba chocho... Nos entusiasmamos y acá en la Argentina era una época difícil, año ’90, el panorama era arduo. Ahora, sin ser una maravilla, es mucho mejor. Y en el ’91 me fui. Grabamos un disco, tocamos muchísimo y el resto de Semblanza se había radicado en Holanda, que me quedaba a 8 horas de tren. Hasta que me empezaron a surgir los problemas con los papeles; y además extrañaba, así que pensé que podía ver la manera de vivir acá y viajar un par de meses al año para allá. Y así fue hasta que me saturé y apareció lo de Vitale. Seguí tocando con Palle pero no con Semblanza. Y la experiencia de tocar y salir en la Argentina para mí era algo nuevo. Y con Lito conocí todo el país.
¿Y la música te gustaba?
Algunas cosas me gustaban mucho, otras no tanto, pero lo que disfrutaba muchísimo era tocar con esos músicos. Yo había tocado en grupos de rock, de jazz... pero con ellos era como hacer trash. Porque estaba Javier Malosetti, Marcelo Novatti, Lito... ¡y tocaban a un volumen! En el primer ensayo creí que se había roto algún equipo. Terminé tonto. Pensé que era algo más acústico y nada que ver. Fue un aprendizaje bárbaro...
¿Cuándo aparece Gismonti en esta historia?
La de Gismonti fue la primera música rara que escuché en mi vida cuando tenía unos 13 años. Me atrapó la sonoridad. No entendía nada. Yo tocaba con un vientista que un día me dijo “escuchá esto” y me prestó Circense... y me mató. Estaba como loco. Me acuerdo que cuando escuché el tema “Karate” quería ir a tocarlo como si fuera “Humo sobre el agua”. Y no me salía ni en pedo... (risas); me empecé a interesar, conseguí algunos discos... incluso lo vi después en concierto ya de grande y me encantó. Fue en 1996, creo, que vino en trío a tocar en el Bauen. Y yo había llevado para darle los dos discos que había hecho con Palle. A mí no me daba para andar monitoreando y le pedí a un asistente que se los diera. Para mi sorpresa, a los 4 días Gismonti me mandó un fax. Me acuerdo que empieza a aparecer la hoja y en el encabezado leo, chiquito, “Egberto Gismonti”. Me puse blanco (risas). Porque era una de suspenso... iba saliendo de a poco... y me decía que la música le había gustado mucho y que quería hacer una averiguación con el sello danés porque él estaba empezando con el suyo que iba a tener distribución de ECM.
Carmo...
Exacto, el sello Carmo. Y me preguntó a mí qué me parecía y si estaba de acuerdo... imaginate... fuimos a hablar y pusieron un valor simbólico como para que Gismonti se los llevara. Y encima eran dos discos, no uno. Y después pasó un montón de tiempo, porque salió en el ’99. En el interín yo fui a la casa de Egberto para hacer la selección de los temas y para ponernos de acuerdo en... nada... si yo iba a decirle a todo que sí... Para mí era cumplir uno de los dos sueños de mi vida... hacer algo con él... ni siquiera tocar... hacer algo...
¿Y el otro sueño?
Paul McCarteney.
Te tenés que apurar... (risas)
No... yo lo veo bien... parece que tiene cuerda para rato...
¿De qué te nutrís, al margen de la música?
Me gusta mucho el cine y la literatura. Durante el año me dedico más al cine. No me engancho mucho con el teatro. El cine me conmueve un poco más. Aunque en realidad mi afición número uno después de la música es el deporte... qué se le va a hacer... (risas)
¿Qué deportes?
En general todos. No para practicarlos. Soy una suerte de ESPN adicto. No me engancho viendo un partido de poker, por ejemplo; pero uno de handball femenino, si viene peleado... me quedo a verlo...
Somos iguales... yo me cuelgo a ver los goles de la Primera D
Tal cual...
Y lo del poker... pensalo... (risas)
Pasa que no lo juego...
Y ojo con el billar femenino...
Eso sí que parece tener un atractivo... (risas). Lo que me apasiona a morir es el básquet. Todavía juego. Mal, pero juego; incluso fui entrenador ad honorem por un tiempo en el Scholem Aleijem. Y además es un club en el que a la tarde los viejos se juntan a jugar al dominó.
Pero el deporte no te inspira para componer... no es que termina un partido de básquet y...
No sé... (risas) No creas... Con el cine no funciono de esa manera; sí creo que cuando sos receptivo a lo que pasa a tu alrededor te armás un cóctel en la cabeza que te lleva a algún lado. Además, no me imagino a alguien tan apasionado por el deporte como yo haciendo una música introspectiva. Me costaría ver a la misma persona. Se puede decir que uno es en la vida como toca y como juega.
¿Vos coincidís con eso?
Sí, totalmente. Aunque no creo que sea algo a rajatabla. Pero en general creo que hay mucho de eso.
¿Musicalmente sos bilardista o menottista?
Ninguno de los dos... a mí me gusta Bielsa. Me gusta ese concepto de tener la pelota cerca del arco de ellos. Por eso no me gusta Pekerman. A Bielsa lo banco.
Y cuando ves cine, ¿le prestás atención a la banda sonora?
Siempre; y cuando miro televisión, también.
¿Y te pica componer para cine?
Sí... hice la música de una pero casi de casualidad; una que se llama “Fotos del alma”, de un director que ahora vive en Madrid y que se llama Diego Musiak. Pero era muy pibe... me gustaría tener más trabajo de eso. Lo que sí hice bastante y que me gusta es música para televisión. De lo que está ahora en el aire, la música de los cortos de Telefe la hice yo. Había hecho la de Hechizada. Y hago también música incidental, música de “situaciones”, que no es el trabajo más grato que pueda tener un compositor pero me da una buena gimnasia; y los límites son tan precisos y tan claros, que te ponen en una situación totalmente opuesta a la de un concierto, por ejemplo, donde nadie te va a venir a decir cómo tenés que tocar tu música. Tanta libertad te puede llevar a la inmovilidad, porque no todo el mundo compone. Me encantan los opuestos. El tocar lo tuyo con total libertad o el “haceme diez segundos de una persecución en auto... y para mañana”.
¿Y cómo funcionás mejor, con libertad o bajo presión?
Bajo presión. No me refiero a una cuestión de calidad. Obviamente que me gusta más la música que hago para mí mismo. Me representa y es lo que me gusta tocar. Lo otro no es tan artístico. Es más que nada un desafío.
O sea... si te dicen “para el 30 de diciembre necesito que me entregues los diez segundos”...
Lo hago.
¿Pero es factible que te sientes el 29?
Y el 30 también... Pero porque el trabajo para televisión no es muy organizado que digamos. Hay períodos de sequía y otros de laburo infernal que te puede agarrar de gira o hasta las manos con lo tuyo. Pero es así...
El trío con Verónica Condomí... ¿es de la Condomí?
Ahora sí. Es su proyecto. Al principio yo la acompañaba. Luego se sumó Facundo Guevara. Y ahí pasó a ser un trío. Luego de tocar varios años y de hacer dos discos, Facundo dio un paso al costado y en ese momento pusimos un reemplazo. Luego yo le dije a Verónica que la cuestión pase a ser de ella. Como para que tenga libertad de poder ir con otros músicos si se superponen las fechas.
¿Cómo pinta la serie “Toque Argentino”?
Eso lo voy a saber recién hacia fin de año. Porque voy a tener en la calle seis títulos.
Pero todo surge a partir de un disco tuyo que se llama así...
Yo hice un disco que se llama “Toque Argentino” a principios de 2004. Cuando me junté con la gente del sello MDR con la idea de hacer una serie, no dábamos pie con bola con cómo llamarla. Y lo que tenía a mano era “Toque Argentino” y les gustó y quedó. Mi idea originalmente era no participar de la serie. Yo quería ser solamente el productor o curador o como se lo quiera llamar. Pero uno de los dos proyectos que íbamos a editar se cayó y para no postergar la cuestión (yo conservo esa paranoia de que acá mañana nunca se sabe), grabé un disco en vivo con mi grupo. Y con el de Alejandro Devries, ya tenía como para arrancar. Para el 2007 la cosa es distinta. Ya salió el disco de Willy González; y de acá a fin de año salen el dúo de Cardozo – Quintero, el nuevo de Verónica Condomí y un solo bajo de César Franov, que ya está listo y está bárbaro. En marzo del año que viene, con seis títulos en la calle, haremos una evaluación.
¿Qué te produce esto de aceptar, seleccionar y tal vez rechazar cosas de colegas’
A mí me gusta...
Pero debe haber situaciones ingratas...
Sí... siempre es ingrato seleccionar. A mí me ha pasado muchas veces eso de ir a pelear por un trabajo y quedar afuera; son reglas del juego que están aceptadas. Me pasó de escuchar cosas que estaban muy bien pero que no encajaban para la serie. Estoy intentando darle una identidad y entonces no puedo decirle que sí a cualquier cosa o a cualquier estilo. Me han acercado mucho material y he conocido gente a la que ni de nombre. Y ninguna fue una porquería. Pero hay cosas que van y cosas que no.
¿Entendés más ahora a aquellos que en algún momento te dijeron “no”?
Depende... porque yo tengo el compromiso conmigo mismo de escuchar absolutamente todo lo que me mandan. Tampoco soy Sony/BMG, pero todo lo que me acercan, lo escucho. Porque a veces te queda la sensación de que entregás un material que termina en un cajón. Por eso... “depende”. La falta de voluntad, de atención y de respeto no las voy a aceptar ni a entender nunca. Porque estando “del otro lado”, me doy cuenta de que es una cuestión de voluntad. Porque nadie se va a morir por escuchar dos discos en un día. Tampoco es que te traen dos mil. Y además se trata de gente que está para eso... Si a uno le llevan 15 en una semana... los tiene que escuchar... Entiendo igualmente que mi rol es ínfimo, porque puedo sacar 4 discos en un año y eso lo aclaro e antemano. Lo que sí tengo pensado es ir organizando las cosas como para que dentro de la colección haya “sub-colecciones”. Una podría ser acerca de compositoras mujeres. Puede sonar medio machista pero es solamente un mote comercial, ¿se entiende? O gente que saca su primer CD. Pero estoy recién comenzando y en principio la idea es asentarla, darle un poco de peso y que tenga continuidad.
¿Te sentís un artesano?
A veces, sí. Pero no por la música sino por la manera de organizar todo. A veces son tantas las cosas con las que hay que lidiar “artesanalmente” que sí...
¿Y cuándo te sentís un artista?
A la hora de componer y de tocar. Ésos son los momentos impagables. Todo lo demás, es igual que cualquier oficio.
¿Sí?
Por supuesto... ¿qué diferencia hay entre un tipo que vende pan y otro que vende discos? Me refiero al producto... Puedo parecer frío, pero cuando te estoy vendiendo algo... porque organizar la parte comercial de la mejor manera posible, trae un primer beneficio que es el artístico. Y esto me lo enseñó Gismonti, no es algo que se me ocurrió a mí. Se traduce en un mayor tiempo para mejorar el producto. Y el desorden implica que tal vez no toques más. La intención de organizar las cosas lo mejor posible (y que conste que lo que tengo no es ni una PyME), es para tener el mayor tiempo posible para dedicarme a lo que más me gusta, que es componer, tocar, experimentar. ¿Por qué experimentaba más a los 18 años que a los 40? Porque tenía más tiempo... y otras responsabilidades, por supuesto.
Vos vas a un lado, a otro, tocás con unos, con otros... pero la sensación es que, hagas lo que hagas, terminás siempre recurriendo a músicos de jazz. ¿Por qué?
(Piensa... mucho) Se dan dos cosas a la vez (sigue pensando). Es muy cierto lo que decís. Por un lado, necesito gente que toque bien. Lo que también creo es que, a esta altura, se desdibujó un poco lo que es un músico de jazz o uno de folclore en la ciudad de Buenos Aires. Un ejemplo de esto es (el pianista) Andrés Beeuwsaert. Porque su formación es la de un músico de jazz; pero no dedica su vida a tocar jazz. Como Jorge Navarro o Walter Malosetti. Para Andrés, tocar folclore es lo más natural del mundo. Entonces, los músicos con los que me junto son de la generación de Andrés. Como me pasa a mí también. Los límites se han hecho difusos. En otro plano... Spinetta. A mí siempre me encantó, pero... ¿se puede decir que es rock? Para mí es “música Spinetta”. Creo que hay una generación a la que no podés limitarla a un estilo. Hay músicos de jazz, pero que también son de folclore o de tango.
Hay entonces una música argentina?
¿Vos decís más allá del tango y del folclore?
Sí.
Y... yo creo que sí. Muy de a poco. Pero sí. Da para discusiones, palabreríos y esas bobadas. Pero por ejemplo... en Juan Quintero ves como un abanico de influencias pero cuya resultante es la “música Juan Quintero”. Otro caso es el Negro Aguirre. Te hablo de gente a la que admiro. Hay otros que lo intentan y no con tanta suerte en los resultados. Incluso creo que con el tiempo van a ir mutando andá a saber hacia dónde. Pero ya están influyendo a otra gente.
Y si en este momento entra alguien que no te conoce y te dice “a ver, Don Ernesto... ¿a qué se dedica usted? ¿Qué hace?
Uy... a ver... (piensa) Yo hago una música basada en ritmos de Argentina y Sudamérica, principalmente, pero que está muy influenciada por toda la música que escuché en mi vida. El punto inicial es la música de Sudamérica. Ahora... los componentes son muchísimos, porque hay jazz, rock, música europea... está influenciada por un montón de cosas que escuché en mi vida y que me encantan. No me pongo límites ni tengo prejuicios en ese sentido.
¿Vas por la batea “Snajer”?
Ojalá... no es algo que busque al menos concientemente, pero me encantaría.
Porque es muy difícil a veces encontrar la “batea para Snajer”.
Ya lo sé...
¿Y vos dónde te pondrías’
Es que tendría que haber un sector en las disquerías que aglutine a lo que podría llamarse “nueva música argentina”. O, si querés, ponerle “flú” (risas), el nombre que quieras...
¿Buscás algo, con lo que hacés, que vaya más allá de expresarte?
(Piensa) Si es por pretender algo, y sin ser pretencioso (risas), sería la de lograr (y no me refiero a algo espiritual sino a algo bien concreto) que el sonido de mi música refleje el momento actual de Buenos Aires. Y digo Buenos Aires porque es mi lugar de pertenencia. Ésa podría ser mi aspiración. Me encantaría poder reflejar el sonido actual de la ciudad de Buenos Aires. En un momento se la relacionó mucho con el sonido Piazzolla. Ahora... que yo lo logre...
Hiciste la aclaración de que no te referías a algo “espiritual”. ¿Tenés alguna cuestión religiosa o similar?
No... ni rechazo ni devoción. Lo que sí es claro es que en la medida en que toques lo que sentís y con gente afín podés, con la música, lograr un estado espiritual que si tocás en una recepción careta... imposible. Pero no van de la mano con la creencia en una religión. Al menos a mí no me pegó por ese lado.
Contame un poco qué vas a hacer ahora en septiembre
Estamos como en estado de celebración constante con Palle porque hace más de 15 años que tocamos juntos y como en abril de 2008 grabaremos nuevamente en Dinamarca, vamos a ir calentando los temas aquí haciendo 10 presentaciones en varios lugares y además también vamos a Brasil a tocar en San Pablo, Porto Alegre y Río. Para mí es una fiesta total porque además somos muy amigos. Así que desde el 18 de septiembre hasta el 3 de octubre van a ser días muy intensos. Vamos a tocar en dúo y probablemente haya algún invitado. Pero básicamente será un dúo.
Vos acompañaste a muchos cantantes; pero ¿por qué no los hay en tus discos? Porque salvo en el proyecto con Verónica (Condomí)...
Lo estoy pensando. Tal vez eso conteste a tu pregunta. Lo estoy pensando... Lo que pasa es que no sé si quiero que el proyecto gire en base a un cantante. Tal vez lo vea más viable por el lado de alguien que pueda cantar, que no es lo mismo. Me inclinaría más por un buen instrumentista que además pueda cantar o bien un cantante que pueda asumir bien el rol de no estar al frente todo el tiempo. Por eso generalmente me siento más cómodo con un cantante invitado. Son cosas que estoy pensando y que todavía no tengo muy en claro cómo llevarlo a cabo.
¿Por qué este formato actual de trío y por qué con Diego Alejandro y Guido Martínez?
El trío me encanta. Y con ellos... me encanta cómo tocan, los admiro; la manera de trabajar es muy relajada y en el trío cada uno toca lo que quiere y todos opinamos. Y hay además una cosa humana entre los tres que funciona muy bien. Es muy importante que haya alegría a la hora de trabajar. Y con Diego y Guido, la hay.
Vos estudiaste con Arias, ¿no?
Sí.
Y después lo dirigiste en un proyecto de enseñanza...
En realidad lo seleccioné... dos veces.
¿Te hace algún click eso en la cabeza?
Cuando fui alumno tenía 18 años; y cuando lo seleccioné para el proyecto tenía unos 37 ó 38. Pasó mucho tiempo y llega un momento en que dejás de ser alumno para ser colega. Y es un tipo grande que ya está de vuelta de todo. Y creo que él entendió que lo llevé a Dinamarca dos veces desde el respeto y en unas condiciones paradisíacas.
¿Por qué acá cuesta tanto?
Bueno... allá hay más guita. Y mucha mejor organización, sin duda. Tienen la experiencia y no se boludea.
¿Se organiza mejor porque hay presupuesto o hay presupuesto porque están organizados?
Las dos cosas. Parece un juego de palabras, pero es así. Pero el tema de la plata influye un montón.
A propósito y como para ir terminando, ¿cómo lo ves al país? Si querés circunscribirlo a Buenos Aires...
No creo que haya nada especial que los demás no vean. Pero lo que sí quisiera decir es que ahora estamos mejor. Yo puedo pecar de inocente, pero no de boludo. Y sin dudas que, con todo lo que tiene de criticable, Kirchner es mucho mejor que Menem y De La Rúa. Sin dudas. Si aplicáramos la ley del mal menor, es ésta. Lo siento así. Te repito que si nos ponemos a criticar cosas, nos pasamos días enumerando. Y por supuesto que a las cosas las veo mal. Igualmente no soy de esperar nada; cuando quiero hacer algo voy y trato de hacerlo. Si después viene una ayuda, bienvenida sea. Pero no voy a estar sentado esperando que me llamen.
O sea que en la foto de hoy ves que estamos medio en el horno pero mucho mejor que antes.
Por supuesto. Es así. Veo que la cosa está mal, pero no hay que ser giles y olvidarse que diez años atrás el presidente era... ¡Menem! No tenemos que olvidarnos de eso. Yo soy muy crítico de lo que pasa, pero ojo que estamos mejor que antes. Y eso es indudable.
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